TOMA DE BASTILLA
El 11 de julio de 1789, el rey Luis XVI, actuando bajo la influencia de los nobles conservadores al igual que la de su hermano, el Conde D'Artois, despidió al ministro Necker y ordenó la reconstrucción del Ministerio de Finanzas. Gran parte del pueblo de Paris
interpretó esta medida como un auto-golpe de la realeza, y se lanzó a
la calle en abierta rebelión. Algunos de los militares se mantuvieron
neutrales, pero otros se unieron al pueblo.
El 14 de julio
el pueblo de París respaldó en las calles a sus representantes y, ante
el temor de que las tropas reales los detuvieran, asaltaron la ,
símbolo del absolutismo monárquico, pero también punto estratégico del
plan de represión de Luis XVI, pues sus cañones apuntaban a los barrios
obreros. Tras cuatro horas de combate, los insurgentes tomaron la
prisión, matando a su gobernador, el Marqués Bernard de Launay.
Si bien sólo cuatro presos fueron liberados, la Bastilla se convirtió
en un potente símbolo de todo lo que resultaba despreciable en el
Antiguo Régimen. Retornando al fortaleza de Bastilla , la multitud acusó al alcalde Jacques de Flesselles de traición, quien recibió un balazo que lo mató. Su cabeza fue cortada y exhibida en la ciudad clavada en una pica, naciendo desde entonces la costumbre de pasear en una pica las cabezas de los decapitados, lo que se volvió muy común durante la Revolución.
REGIMEN DEL TERROR
En la Francia revolucionaria, tras la caída de la monarquía (1793 a
1794), se instauró el llamado “régimen del Terror”, el cual según
algunos historiadores estaba caracterizado por la brutal represión
mediante el recurso del terrorismo de Estado, mientras que, para otros,
el terror aparece como un arma de doble filo, que al mismo tiempo segó
la vida de muchos inocentes, pero también acabó con numerosos complots
de especuladores y reaccionarios en París y otras partes de Francia, con
lo que, para algunos, el terror se justificaría en parte. Este período
transcurrió bajo la égida del Comité de Salvación Pública, órgano
ejecutivo creado en abril de 1793 para apoyar y reforzar la acción del
Comité de Seguridad General que existía desde 1792. El Comité de
Salvación Pública era un cuerpo colegiado encabezado por Maximiliano
Robespierre, quien definió al terror como “la aplicación de la justicia
de manera rápida, severa e inflexible”. Se estima que durante el régimen
del Terror, en cifras conservadoras, al menos unas 11 mil personas
perdieron la vida, hay historiadores que aseguran que fueron hasta 40
mil las víctimas del comité, la mayoría fueron llevadas a la guillotina y
otras murieron en la cárceles. El “régimen del Terror” se caracterizó
por la intolerancia de los miembros del Comité y de su presidente, el
cual se peleó con la Iglesia católica, suprimió la libertad de prensa,
oprimió a los empresarios bajo pesadas cargas fiscales para poder
financiar la guerra contra las potencias extranjeras y desató una cruel
persecución contra los seguidores de la monarquía y contra los moderados
girondinos. El “régimen del Terror” sólo terminó cuando una revuelta
popular depuso al Comité de Seguridad Pública y apresó a Robespierre,
quien fue condenado al patíbulo. El “régimen del Terror” apareció para
castigar los excesos cometidos por la monarquía, bajo el reinado de Luis
XVI y María Antonieta, pero terminó por cometer los mismos excesos de
los cuales fueron acusados sus antecesores. El ejemplo de lo que ocurrió
en la Francia de finales del siglo XVIII, sin duda alguna aplica muy
bien para lo que vive hoy Puebla, no por nada Robespierre definió al
régimen del Terror como “la aplicación de la justicia de manera rápida,
severa e inflexible”. Por cierto, dicen que los duros y los fuereños se
impusieron al interior del actual régimen morenovallista y que vienen
aun medidas más duras, o parafraseando al hoy gobernador en campaña, “lo
mejor aún está por venir”.